Del primer mensaje en este blog se intuye que me preocupo tanto o más por mi estado de ánimo que por la evolución del discurso de mi báscula. Igual que no puedo posponer más afrontar mi problema de sobrepeso, no puedo posponer el sentirme bien. Si hago dieta es para eso, no para castigarme por los excesos. Si tuviera que castigarme por todos los excesos cometidos, la divina comedia de Dante no sería inspiración suficiente.