El mundo está lleno de profetas
Y de esos profetas, unos merecen ser escuchados y otros no. Algunos gritan como si les fuera la vida en ellos, otros susurran su mensaje conscientes de que quien quiera, llegará a él de todos modos. Es responsabilidad de cada uno elegir sus profetas y hacerlos callar cuando lo crea conveniente.
Hace poco escribía que una de las cosas de las que me siento orgulloso es de ser capaz de quedarme las ideas buenas que encuentro vengan de donde vengan. A veces vienen de una película, a veces de una novela y a veces de un libro de ensayo. Son ideas que yo considero poderosas por la influencia que pueden ejercer en mí mismo pero que no dotan de credibilidad al mensajero.